Para Jocelyn Arteaga, de poco sirve la ciberseguridad más sofisticada si el negocio no entiende por qué importa. Una afirmación que nace de quien conoce el lado técnico a fondo y dedica buena parte de su trabajo a traducir riesgos, impactos y decisiones a un lenguaje que la organización pueda comprender. Una mirada que este año la llevó a ganar el premio a CISO del Año -entregado por Asociación Usuaria en colaboración con Deloitte– y un lugar entre las 50 Mujeres Líderes en TI -de la consultora internacional Robert Walters.
Graduada del Global MBA UChile, con doble grado internacional con la Universidad de Rochester, su carrera empezó en roles muy operativos y creció con desafíos que fue tomando sin tener siempre claro a dónde la llevarían. Hoy es Gerente de Seguridad de la Información (CISO) en Bupa Chile y tiene el privilegio de ser reconocida como la mejor de su especialidad en nuestro país.
Ya pasaron unos días desde que te nombraron CISO del Año. ¿Qué significó para ti este reconocimiento?
Con un poco más de distancia, creo que lo que más me quedó fue todo el cariño que recibí. Esos días me llegaron mensajes de personas con las que no hablaba hace años, de antiguos equipos, colegas, amigos y personas con las que he compartido en distintos momentos de mi carrera.
Me hizo mirar hacia atrás y valorar mucho más todo lo recorrido. Partí en roles muy operativos, fui tomando distintos desafíos y muchas veces avancé sin tener completamente claro hacia dónde me iba a llevar cada decisión. En esos días confirmé que una carrera no se construye solamente con los cargos que tienes, si no también con las personas que vas encontrando en el camino.
Si tuvieras que nombrar un sello propio en tu trabajo, ¿cuál sería?
Creo que gran parte de mi trabajo consiste en interpretar la seguridad de la información al lenguaje del negocio. Para mí, la ciberseguridad tiene que ir más allá de hablar de vulnerabilidades, controles o tecnologías. Tenemos que ser capaces de explicar por qué algo importa, cuál puede ser su impacto y qué decisión necesitamos tomar.
Cuando eso ocurre, seguridad deja de sentirse como una restricción y empieza a ser parte de cómo la organización toma mejores decisiones. Y para que eso funcione, el equipo es clave, tengo la suerte de trabajar con personas muy comprometidas y con experiencia.
Mi sello es, justamente, lograr que la seguridad se entienda, sea parte de las decisiones y que acompañe al negocio.
En un área tan cambiante y exigente, ¿cómo te mantienes vigente?
Aprendiendo todo el tiempo y estando muy conectada con lo que está pasando. Ciberseguridad va cambiando demasiado rápido. Me sirve mucho seguir estudiando, escuchar a mi equipo, conversar con distintos especialistas y participar en espacios donde puedes contrastar experiencias.
Mantenerse vigente no pasa solamente por lo técnico. También implica estar cerca del negocio y entender qué le preocupa, qué necesita y hacia dónde quiere avanzar. Eso nos ayuda a hacer mejores preguntas desde Seguridad y, finalmente aportar más valor.
La ciberseguridad y la tecnología siguen siendo mundos muy masculinos; de hecho, los otros finalistas del premio eran hombres. ¿Cómo ha sido tu experiencia en ese entorno y qué significa para ti ser hoy un referente para otras mujeres?
Siendo consciente de que muchas veces soy minoría, nunca lo he vivido como algo que me haya impedido avanzar o que haya tenido que cambiar mi forma de ser para desenvolverme en este mundo. He seguido siendo yo, tratando de hacer bien mi trabajo, aportar desde lo que sé y aprender en el camino.
Sí creo que la representación importa. Por eso me gusta participar en espacios que permitan visibilizar a más mujeres en tecnología, compartir experiencias y generar oportunidades para otras. Probablemente hoy lo tengo más presente que al comienzo de mi carrera. No porque crea que ser mujer sea lo que me defina profesionalmente, sino porque entiendo que ocupar ciertos espacios también ayuda a que otras puedan imaginarse en ellos.
Hace poco, con el reconocimiento de 50 Mujeres Líderes en TI, también me ayudó a darme cuenta a que es importante visibilizar a quienes estamos en cargos de liderazgo. Por eso, cuando alguien me dice que me ve como un referente, todavía me cuesta un poco esa palabra, pero también entiendo el valor que puede tener. Si lo que hago ayuda a que otra mujer vea un espacio como posible para ella, entonces vale la pena hacerlo visible.
Creo que el cambio ocurre cuando dejamos de pedirles a las mujeres que encajen y empezamos a ampliar nuestra idea de cómo se ve un líder. Ojalá en unos años contar cuántas mujeres hay entre los finalistas deje de ser un tema.
¿Por qué decidiste hacer un MBA estando en un rol tan técnico?
Justamente porque quería ampliar mi visión. Yo sabía de tecnología, auditoría y riesgos, pero también quería entender lo que ocurría al otro lado de la mesa. No quería alejarme de la tecnología. Quería entender mejor la organización y entrar a una conversación de negocio sin dejar mi mirada técnica de lado. Y el MBA fue justamente eso, un puente entre dos mundos que después, en mi carrera, terminaron siendo uno solo.
¿Qué te cambió el MBA? ¿Notaste un antes y un después en tu forma de liderar o de mirar el negocio?
Antes solía mirar los problemas principalmente desde mi especialidad, el MBA me ayudó a ampliar esa mirada y a entender mejor cómo se toman las decisiones dentro de una organización, muchas veces no se cuenta con toda la información y hay diferentes prioridades que compiten entre sí.
También aprendí algo que sigo aplicando hasta hoy, puedes tener el mejor análisis del mundo, pero si la persona que tienes al frente no entiende por qué importa, es más difícil lograr el cambio u objetivo que necesitas. Ese cambio de mirada influyó en mi manera de liderar y comunicar. Hoy no me quedo solo con cuál es la respuesta técnicamente correcta; trato de entender cuál es la decisión que necesitamos tomar y cómo logramos que ocurra.
Vivir la experiencia internacional del doble grado, ¿qué te aportó en lo profesional y en lo personal?
Lo primero fue darme cuenta de que varias cosas que yo consideraba “la forma correcta de hacerlas” eran, en realidad, la forma que yo conocía. Estudiar con personas de distintos países, te obliga a abrirte, y te ayuda a entender que un mismo problema puede abordarse de maneras distintas y que no siempre existe una única respuesta correcta.
Esta experiencia me hizo ser mucho más abierta y flexible. Hoy escucho más, trato de entender otras miradas y no busco imponer una forma de hacer las cosas, sino construir acuerdos. Y en lo personal me dio mucha confianza. Estudiar fuera, desenvolverme en otro idioma y adaptarme a un entorno distinto me permitió comprobar que podía moverme bien también fuera de lo conocido. Esa experiencia me hizo confiar más en mí y enfrentar nuevos desafíos con mayor seguridad.
Finalmente, ¿qué les dirías a las mujeres que quieren liderar en tecnología y no se atreven?
Que no confundan tener dudas con no estar preparadas. Con los años he aprendido que una cosa es estar preparada y otra muy distinta es sentirse completamente segura. Creo mucho en prepararse y hacer bien el trabajo. Pero también en manifestar interés por lo que uno quiere y reconocer cuándo ya tienes las herramientas para asumir el siguiente desafío, aunque todavía haya cosas que vas a tener que aprender en el camino.
Y para mí hay algo fundamental, no tratar de ajustarse a una idea de cómo “debería” verse un líder. No hay una sola forma de hacerlo, lidera desde tu propia forma de ser ya que eso también es una fortaleza.
Entonces, les diría que no se descarten antes de tiempo. La duda probablemente va a seguir apareciendo. Lo importante es que no sea ella quien tome la decisión de descartarse.
Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile.
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