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3 de noviembre 2026

Simoné Oliva: “Un propósito sin clientes es un hobby demasiado caro”

Simoné Oliva Marfull pasó quince años escalando en grandes empresas. En un momento de su trayectoria sintió que corría cada vez más rápido sin entender “para qué”. La búsqueda de un propósito la llevó a Late!, la empresa B que dona el 100% de sus utilidades y de la cual llegó a ser Gerente General. Ahí se topó con un problema que terminó definiendo su rumbo: medir y gestionar la sostenibilidad era caro, técnico y lento, un privilegio reservado de hecho a las grandes compañías.

Ingeniera Civil Industrial y graduada del MBA UChile, fundó OTARIA para permitir a las empresas, sobre todo a las PyMEs, medir y gestionar su huella de carbono con rigor y -más importante aún- por sí mismas. OTARIA se conviritó en la primera empresa en Chile certificada como Empresa B bajo los nuevos estándares.

El descubrimiento de su propósito ha generado una ola de reconocimiento a su trayectoria e influencia. Recientemente fue finalista en la categoría Emprendedora STEM, premio otorgado por el Ministerio de Economía, Fomento y Turismo para visibilizar a las mujeres que lideran y abren camino en ciencia y tecnología. También fue destacada entre las 120 mujeres que lideran la agenda de impacto y sostenibilidad por el Diario Sustentable.

En esta tercera entrega de #AlumniMBAUChileEmprende te contamos de la trayectoria y aprendizajes de Simoné en su propia voz.

En un momento te sentiste “como un hámster en una ruedita”. ¿Qué gatilló ese cuestionamiento y cómo se transformó en la decisión de emprender?

Trabajaba en una gran empresa, estaba haciendo el MBA y mi carrera iba subiendo. Desde afuera, la rueda giraba perfecto. Desde adentro, yo corría cada vez más rápido sin tener un “para qué”.

Tiempo después, un amigo me explicó que eso que me faltaba tenía nombre, propósito, y que existían empresas que buscaban generar impactos positivos a través del negocio, además de rentabilidad. Era todo lo que estaba buscando. Ese descubrimiento me llevó a Late!, y más tarde a emprender, porque ya no quería correr más rápido, quería elegir hacia dónde.

Tu paso por el MBAUChile fue “un antes y un después”. ¿Qué te entregó?

Soy ingeniera de la PUC, y me parecía muy valioso formarme en otra casa de estudios de renombre, con una nueva mirada que agregara diversidad a mi experiencia.

Sinceramente, el MBA de la Chile superó mis expectativas. Quiero destacar de corazón al profesor Cristian Binimelis, quien generó un antes y un después en cómo entiendo las relaciones personales y profesionales. Recuerdo haber hecho una serie de ejercicios prácticos en los que nos dábamos cuenta, bien crudamente, de nuestros “automáticos”, esas reacciones que nos nacen bajo estrés, apuro o exposición. Entender cuándo se gatillaban los míos fue clave, pero lo más poderoso fue aprender a no empujar a la otra persona a usar los suyos. Sigo trabajando en eso, y probablemente es la herramienta más valiosa que me dejó el MBA.

Hoy, antes de hablar de tecnología, trato de entender qué le duele a mi cliente y qué necesita de verdad.

Los casos prácticos también fueron una tremenda escuela, y los apliqué en variadas ocasiones años después. Me transformaron en una profesional mucho más integral, con conocimiento transversal en dirección de empresas, algo que fue clave cuando asumí mi primera Gerencia General, en 2021.

En Late! entendiste que sumarse a la sostenibilidad era prohibitivo para la mayoría de las empresas. ¿Cómo convertiste esa pregunta en OTARIA?

En Late! vi algo que me marcó, había voluntad de hacer las cosas bien, pero medir y gestionar el impacto exigía tiempo, presupuesto y conocimientos técnicos que la mayoría de las empresas no tiene. La sostenibilidad se estaba convirtiendo en una especie de club con una cuota de entrada muy cara, era prohibitiva. OTARIA nació para construir lo que yo habría necesitado en ese momento, que era una forma simple y rigurosa de hacerlo desde adentro de la empresa, sin desangrarse en el intento.

Antes de OTARIA fundaste Decarbonite AI. ¿Qué aprendiste de ese primer intento?

Decarbonite AI fue mi primera startup, enfocada solo en huella de carbono, y no alcanzó a ver la luz. Tuvo la vida más corta y barata que puede tener un error, lo cual agradezco. Muy pronto me di cuenta de que estaba fuera de timing y de que las empresas tenían más dolores en sostenibilidad.

La verdad es que no tuve que darla de baja, más bien ese sueño se transformó en algo más grande, y fue de ahí que salió la lógica modular de OTARIA, donde la huella de carbono sigue siendo una pieza clave, pero forma parte de una solución más amplia. Hoy ya tenemos una segunda plataforma llamada Simple Impact, para dar los primeros pasos en medición de impactos, y estamos construyendo las bases de nuevas soluciones para sumar a nuestra cartera de productos digitales.

El primer prototipo tenía bastantes limitaciones, y aun así un par de empresas confiaron en ti. ¿Qué te enseñó esa etapa?

Nuestra primera plataforma estaba hecha con Google Sheets y Apps Script, hoy me acuerdo y me da algo de vergüenza, estaba llena de ambición y hartas falencias. Pero resolvía un dolor claro, y por eso dos empresas del agro confiaron en nosotros y nos pagaron año completo por adelantado. Con ellas validamos nuestras primeras hipótesis y, con el apoyo de Start-Up Chile, dimos el salto a una plataforma formal.

Esa etapa me enseñó que un cliente perdona una interfaz “mejorable” si le estás resolviendo un problema real, y que validar no es que te digan “qué buena idea”, sino que te entreguen sus datos y además te paguen. Si hubiera esperado a tenerla perfecta, hubiese tenido que esperar mucho más, y habría perdido tiempo y feedback que fueron clave para el desarrollo posterior. Con ese aprendizaje, siempre digo que el MVP debe siempre quedar corto, si no, estás perdiendo cuota de realidad y validación temprana.

¿Por qué apostaste por empoderar a las empresas en lugar de venderles una consultoría tradicional?

Medir la huella de carbono con alguien que lo hace todo por ti es como contratar a un personal trainer para que haga las sentadillas, recibes un excelente informe, pero el músculo no es tuyo y al año siguiente hay que partir de nuevo.

Para mí, el verdadero valor está en que cada empresa desarrolle nuevas capacidades, y la plataforma es la herramienta que simplifica aquello que, por ser tan técnico, le impedía al equipo avanzar por su cuenta. Nuestro foco está en que las plataformas puedan ser utilizadas por alguien no experto, con el rigor que exige una auditoría y a un costo menor que el consultivo.

De todas formas, seguimos haciendo consultoría porque nos permite vivir el proceso junto a nuestros clientes y aprender lo que realmente significa para ellos, por lo que hoy es nuestro motor de entrenamiento e innovación, y lo que aprendemos en ese trabajo se convierte en insumo para construir mejor tecnología.

Para la empresa que todavía ve la sostenibilidad como un costo o un trámite, ¿cómo cambia esa conversación?

Sinceramente, yo no le pediría a una empresa que mida por amor al planeta, le pediría que mire quién le está preguntando por su huella de carbono, ya sea un cliente grande, una licitación o un inversionista. Esas preguntas ya están apareciendo y hoy son parte de lo que se exige para competir. Si mides sólo para cumplir, obtienes una foto del pasado que guardas en un cajón y un esfuerzo que tendrás que repetir cada vez que te la vuelvan a pedir. En cambio, cuando la integras a tu gestión, puedes decidir con datos, ordenar costos, simplificar el proceso y tener la respuesta lista antes de que te la exijan, y es ahí cuando la huella de carbono deja de ser un dolor y se convierte en una capacidad de tu empresa.

¿Por qué las PyMEs son el corazón de tu negocio? ¿qué cambia si logran medir y gestionar su impacto?

Viví el problema mientras lideraba una PyME, con mucha exigencia, poco equipo y ningún presupuesto para contratar consultoría todos los años, y siempre me centré en resolver el dolor de fondo, que iba mucho más allá del cálculo. Partimos construyendo una plataforma de huella de carbono que cumpliera con el rigor de la norma ISO 14064-1, y luego nos hicimos la pregunta clave: cómo transformarla para que pudiera usarla alguien no experto.

Esa pregunta incluyó a las PyMEs en nuestro universo y nos llevó a simplificar lo que más entrampa a los equipos, como escoger los factores de emisión, generar el informe y centralizar los datos, descentralizando a la vez una carga que suele recaer en unas pocas personas. Hoy tenemos una plataforma flexible y ágil, que permite a cualquier empresa medir su huella de carbono con autonomía. Cuando una PyME desarrolla esa capacidad, puede responder mejor a sus clientes y ganar competitividad, de modo que el avance del país deja de depender de unas pocas compañías.

Mediste tu huella en tu propia plataforma y te certificaste como Empresa B. ¿Por qué era tan importante “recorrer el camino”?

Si vendo sostenibilidad, tengo que mostrar con hechos cómo se implementa en un negocio, y para eso necesitaba construir una empresa que practique lo que predica y que haya pasado por los mismos dolores que busca resolver en sus clientes. Por eso, medimos nuestra huella de carbono en nuestra propia plataforma, la auditamos ahí mismo y obtuvimos el sello de Cuantificación de HuellaChile.

También nos certificamos como Empresa B bajo los nuevos estándares de B Lab, y Sistema B nos ha reconocido como la primera empresa en Chile en lograrlo, lo que es un orgullo enorme.

Este camino nos hizo vivir lo mismo que le pedimos a cada cliente, buscar datos, mostrar evidencia y aceptar que alguien revise nuestro trabajo, y hoy podemos acompañarlos desde esa experiencia real, porque es muy difícil pedirle a una empresa que confíe en un proceso que no te has atrevido a recorrer.

¿Cómo se construye credibilidad en un terreno donde muchos prometen impacto y pocos lo miden con rigor?

La credibilidad se construye diciendo exactamente lo que tienes, ni un gramo más. Nuestro sello de Cuantificación dice que medimos bien, no que redujimos ni que somos neutrales, y aunque pueda sonar menos espectacular, es la verdad. Construir credibilidad es construir una confianza que debes mantener en el tiempo, y eso no se sostiene a punta de esfuerzo si la base no está bien hecha. Por eso, en OTARIA hay valores intransables en la forma de hacer negocios, como respetar la propiedad intelectual y ajustar nuestro mensaje a lo que realmente podemos cumplir.

Hoy muchas propuestas dicen hacer lo mismo que la de al lado, y es el cliente quien carga con un mercado poco transparente, porque a veces se da cuenta tarde de la diferencia y termina pagando el precio. Me ha tocado ver cómo se replican mensajes y diseños que construimos con mucho trabajo, y al principio me molestaba profundamente, hasta que entendí que quien adopta un discurso que no puede cumplir merma su propia marca y limita las confianzas que necesita para crecer.

Prefiero poner mi energía en brillar con luz propia, medir con un estándar, mostrar cómo lo hicimos, dejar que otro audite y comunicar solo lo que podemos respaldar. A quienes leen esta entrevista, les dejaría una idea central: la confianza no se copia, se construye.

¿Cuáles han sido tus mayores desafíos para hacer crecer OTARIA, y cómo ves el momento de la sostenibilidad en Chile?

Lo más difícil ha sido “esconder” la complejidad sin perder el rigor, porque requiere ir más allá de lo técnico, para centrarte en usabilidad y experiencia del usuario. Es tan gratificante escuchar a las empresas decirnos que les gusta la plataforma, que es mucho más simple que otras. Eso para nosotros es un reconocimiento clave de que vamos en el camino correcto.

Sobre la evolución de la sostenibilidad en Chile soy optimista, ya que en la última ceremonia de HuellaChile se reconoció a más de 500 organizaciones, un crecimiento importante versus los últimos años, sin embargo, hay que destacar que muchas de esas empresas aún se mueven por exigencia. Veo que el próximo paso para muchas será darle continuidad a su medición sin partir de cero cada año, y ahí estamos ayudando a dar ese salto, para pasar de contratar una consultoría anual a que su propio equipo mida durante el año, con una inversión menor.

¿Qué le dirías a quien está por emprender en sociedad sobre tener las conversaciones difíciles a tiempo?

Ten las conversaciones difíciles al inicio, cuando todo va bien, porque es el único momento en que se pueden tener con perspectiva y sin heridas. Quién decide qué, cuánto tiempo pone cada una, qué pasa si alguien quiere salir o si cambia su vida. Da pudor conversarlo cuando recién estás soñando, pero no tener esa conversación a tiempo sale mucho más caro. Y tener en cuenta que los proyectos son dinámicos y pueden cambiar de forma y aun así seguir creciendo, como me pasó a mí, que hoy lidero OTARIA como “solo-founder”.

A un profesional con una causa que sueña con emprender, pero no sabe cómo convertirla en un negocio viable, ¿qué consejo le darías?

Convierte tu causa en el problema de alguien que esté dispuesto a pagar por resolverlo. Un propósito sin clientes es un hobby demasiado caro. Parte con lo que tengas, aunque sea una planilla, y sal a conversar antes de sentir que todo está listo, porque ese momento no llega. Y elige una causa por la que te dé gusto correr todos los días, porque emprender es un viaje de ida.

 



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